No estaba lista. Y fue el momento perfecto.
- Aug 15
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¿Alguna vez has sentido que no estás "totalmente" listo para algo? Yo también. Déjame contarte cómo REPUAtix me convenció de lo contrario.
Todo esto terminaría en un laboratorio, en un taller internacional y en una pregunta que todavía hoy me sigo haciendo. Pero para llegar ahí, primero tengo que contarte de dónde partí.
El vacío detrás de los logros
Durante casi los primeros cuatro años de mi carrera vine construyendo un perfil académico lo bastante bueno como para ocupar los primeros puestos. Pero en el fondo sentía que me faltaba algo esencial: un propósito claro.
Tuve una larga trayectoria como líder estudiantil en mi universidad, una carrera joven, orientada casi siempre por estudiantes ávidos que, como yo, se esforzaban por abrirse camino. Fui fundadora de uno de los principales semilleros de investigación de mi Escuela Profesional Académica, y desde ahí coordiné y guié a un grupo de estudiantes que, en mi misma condición, buscábamos emprender algo todavía desconocido. Formé parte de la delegación que llevaba a otros estudiantes a congresos, con la esperanza de abrirles los ojos como alguna vez alguien abrió los míos.

Sin embargo, mientras veía a más compañeros elegir rápido en qué querían especializarse, algo en el fondo mío seguía creciendo: la duda.
Tenía un historial destacable como estudiante, sí. Pero solía sentirlo vacío, a falta de una investigación real, profunda y pura. ¿Qué era lo que realmente buscaba? ¿Era solo aprobación, o un interés genuino por encontrar aquello que me apasionara?.
Como estudiante de una carrera STEM, es fácil sentirse abrumada en un mundo lleno de expectativas y más sabiendo que es una carrera con enorme potencial en un país en desarrollo. Lo que hagas tiene que importarte lo suficiente como para trabajar en ello incluso cuando los vientos no soplen a tu favor al comienzo.
Puede sonar exagerado, pero yo buscaba un llamado. Uno que no sabía si iba a llegar. Necesitaba descubrir algo de mí misma que todavía no había terminado de consolidar.
Fue entonces que salir, una vez más, de mi zona de confort resultó ser la respuesta correcta.
El rechazo que me abrió una puerta
No siento que haya conocido REPU tarde. Al contrario: fue el momento perfecto. Ese año había dado lo mejor de mí en actividades extracurriculares, aunque seguía con la inquietud de qué venía después.
Postulé. No pasé.
Era evidente que me faltaba cierto nivel de investigación para alcanzar los estándares internacionales que pedían. Y justo cuando lo daba por perdido, me enteré de que existía REPUAtix: una rama pensada para estudiantes que, como yo, somos de provincia y tenemos poca o nula experiencia más allá de las aulas.
Me animé a postular. Avancé con mucha emoción por cada proceso de selección, sin saber que eso me llevaría al cambio más grande de mi vida: el que terminó de cambiar mi perspectiva frente a los miedos que hasta entonces me rondaban.
El debut
En el verano de 2026 comenzó mi gran debut. No podía dormir de la emoción, y no era solo mía: también de mi familia.
Llegar a la Universidad Peruana Cayetano Heredia no fue pura coincidencia. Años antes, cuando pensé en postular a otra universidad mediante una beca del gobierno, la había puesto como mi primera opción. No se dio como esperaba entonces, pero siempre me quedó la ilusión de saber qué se sentiría estudiar en una universidad de tan alto impacto.

No hace falta contar todo ese día en detalle, pero lo recuerdo como si fuera ayer. No eran los nervios típicos, esos que ya conocía de dar una presentación frente a mucha gente. Eran otros: los nervios de querer demostrar que sí podía ser parte de esto, que la oportunidad que me habían dado había sido bien elegida.
Mentiría si dijera que costó encajar. El equipo fue, sencillamente, encantador. Dicen que si quieres aprender de verdad, un laboratorio "pequeño" es el mejor punto de partida, y cuánta razón tenían. No solo conocí mejor a cada integrante: al menos una vez tuve la oportunidad de compartir mis dudas con cada uno de ellos, de intercambiar experiencias y aprendizajes.
Un laboratorio, una familia
El Laboratorio de Biofísica de Moléculas Individuales tenía una cualidad muy especial, que hoy creo que explica en parte cómo llegué ahí: todos veníamos de regiones distintas del país. Éramos tan diferentes y, a la vez, tan iguales, en un sentido que solo se explica por la calidez con la que interactuábamos mientras cada quien avanzaba en sus propios ensayos.
Como todo buen equipo, teníamos a nuestros guías: el Dr. Daniel Guerra y el Dr. Wilfredo Evangelista, dos mentes tan agudas como impredecibles que acompañan a sus tesistas en el desarrollo de sus trabajos. De cada uno recibí orientación; ambos compartieron conmigo parte de la realidad de cómo se hace investigación y cómo eso nos ayuda a crecer. Fue la primera vez en mi vida que me preparé durante semanas solo para escuchar la opinión de una persona sobre los avances de mi investigación. Y me siento tan satisfecha de que esa persona haya sido el Dr. Guerra.

Mi mentor, Diego Hidalgo, puedo dar fe de que me guió en todo lo que sé ahora. En parte, vi reflejada en él la parte de mí que me gustaría llegar a ser. Como buen mentor, me enseñó desde lo más básico, siempre desde la empatía, y no dejaba de ponerme a prueba con preguntas que, poco a poco, iban confirmando mi aprendizaje.
Un día normal era yo siguiéndolo a donde fuera, al principio con la mirada puesta en cada uno de mis pasos. Pronto empecé a avanzar con menor dificultad, hasta hacer ciertos ensayos por mi cuenta.
No me da vergüenza decirlo: como estudiante de universidad nacional, voy a repetir algo que decíamos casi en broma en el laboratorio, "he aprendido más aquí que en todos mis años de carrera." Detrás de la broma, sin embargo, se esconde la cruda realidad de muchos estudiantes. Y no por eso debemos quedarnos ahí.
Keren Espinoza, Yndira Dolores, Maricela Chávez, Liliam Lopez, Bryan Chero, Nathaly Noriega, Hammerly Lino, Dahlin Zavallos y Joel Kirschbaun (pido perdón si olvido a alguien). No podía dejar de nombrar a quienes me dieron esa clase de consejo que solo un amigo sabe dar, ese que te dice qué camino seguir. Personas que hoy siguen luchando porque la tienen clara, y que sin duda son un ejemplo a seguir, cada una en su propia dimensión.
Hoy
Así es como llegamos hasta hoy. Puedo decir, con más seguridad que nunca, que gracias a mi pasantía me siento capaz de impulsar iniciativas que no se queden en charlas teóricas, sino que se conviertan en planes de acción concretos, capaces de desafiar nuestras limitaciones actuales.
Fui parte de esto. Y aunque me falta mucho por aprender, esta experiencia me permitió verme, por fin, como lo que tanto buscaba en el fondo: un ente de cambio.
Pienso que pocas cosas en la vida realmente nos mueven. A veces te orientas por lo que te gusta. Yo quise inclinarme por algo más allá.
¿Qué te permitiría trascender no solo en tu vida, sino en la de los demás?
AUTHOR: ALLISON LOZANO

Allison Lozano Galindo (#REPUAtix 2026) es estudiante de Biología con Mención en Biotecnología en la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión (UNJFSC), Huacho, Perú. Durante su estancia, como parte del programa de REPUAtix, realizó una investigación en producción y extracción de ADN polimerasas en el Laboratorio de Biofísica de Moléculas Individuales de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, Lima, Perú. Además de la investigación, Allison tiene la firme convicción de que crear redes estudiantiles que compartan ciencia y democraticen herramientas tecnológicas abre camino para el progreso, junto con la sociedad y sus comunidades. Para ella, estas redes son los cimientos de los científicos del mañana y representan la oportunidad de que más estudiantes de pregrado accedan a una mejor educación.










